Pilas: informe de ReciclARTE

A ponerse las pilas

El ambiente es nuestro territorio, en el que respiramos, nos alimentamos y dormimos. Es la salud de nuestro cuerpo.

Los problemas necesitan solución, si no, no serían problemas. Pero investigando sobre la disposición final de pilas y baterías, esta Asociación se encontró con un callejón sin salida. O mejor dicho, con una salida que no se ha puesto como prioridad en la agenda gubernamental.
A excepción de una planta recicladora piloto cerca de La Plata con poca capacidad de acopio, y dos más en Santa Fé y Córdoba, no encontramos un proyecto gubernamental ni empresarial, que organice una cuestión de tanto impacto ambiental como tirar las pilas a la basura. Basura que en el mejor de los casos va a un relleno sanitario y muchas veces a un basural a cielo abierto. La tercera opción que se está gestionando es la termovalorización, es decir, la incineración. Suponemos pueden imaginar los daños ambientales que esto puede producir.
El ambiente es nuestro territorio, en el que respiramos, nos alimentamos y dormimos. Es la salud de nuestro cuerpo.
Las empresas fabricantes de pilas y baterías son las primeras responsables, según la ley, en reciclar, o casi podríamos decir, desactivar las sustancias peligrosas que contienen. Sin embargo cuando las consultamos dónde depositar las pilas, nos han respondido negligentemente en un correo, que el zinc, el cadmio, el plomo, el mercurio, el manganeso, son parte de la naturaleza y que se vuelven a incorporar a ella, dejándolas tiradas en cualquier parte. Más adelante en este informe podrán leer los daños que causan estos elementos fuera de su contexto.
La idea inicial de este informe era brindarles una solución. Lamentablemente lo único que podemos decir es que lo mejor es no usar pilas, ni baterías. Entendemos que eso en algunos casos es imposible. Las menos comprometidas son las recargables, que debemos devolver a los fabricantes una vez que se agoten. Ponemos a disposición de la voluntad de las personas, Instituciones y empresas, encontrar una solución para este problema que aquí desarrollamos y que de no encontrarla, dejaremos de herencia para las próximas generaciones, con el daño maximizado por el tiempo.

Constitución Nacional Nacional

Artículo 41.
“Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley.

Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales.

Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquéllas alteren las jurisdicciones locales.

Se prohíbe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los radiactivos”

Lea más: http://leyes-ar.com/constitucion_nacional/41.htm

Informe

Toda acción para proteger el medio ambiente aporta un beneficio para la salud pública. Para llevarlo adelante se requiere, junto al desarrollo de una mayor conciencia individual y colectiva, una verdadera e insoslayable Política de Estado. Particularmente cuando hablamos de desechos de carácter peligroso como las pilas y baterías.

Si bien es importante que se promulguen, reglamenten y perfeccionen leyes que atiendan a esta realidad, es necesario, antes que nada, que se cumplan, se verifiquen y controlen, con el auxilio de organismos no estatales y la participación popular, los procesos de reciclado ya establecidos en cada una de sus etapas, garantizando el presupuesto específico para dar cumplimiento a dicha finalidad. De no ser así corremos el riesgo de que las leyes se transformen en letra muerta o, en el mejor de los casos, en buenos deseos plasmados sobre un papel pero sin ninguna conexión concreta con la realidad que confrontamos a diario.

Los fabricantes e importadores deben hacerse responsables, como lo determinan las leyes y la propia Constitución Nacional, de la recolección, tratamiento y reciclado de las pilas y baterías que han colocado en nuestro mercado. No obstante ello, el poder público, no debe dejar librado al arbitrio de dichas empresas el necesario proceso de control que se requiere para hacer cumplir estas obligaciones.

Por todo esto consideramos prioritario proveer un completo sistema de gestión de pilas y baterías desde el propio Estado, en todas sus instancias, tal como el que está esquematizado en el diagrama de flujo elaborado por el INTI1 .

Un hecho importante para destacar es que el Sector Público fue, en un largo proceso, tomando conciencia y generando investigaciones e iniciativas valiosas como, por ejemplo, la Planta Piloto Multipropósito ubicada en la Ciudad de La Plata2, como laboratorio de investigación y desarrollo que tiene por finalidad el cuidado del ambiente. Esta planta piloto que, según los científicos intervinientes, es perfectamente autosustentable económicamente, debe ser generalizada y extenderse a todo el país. Lejos de ello, vemos con preocupación que, en función de aplicar recortes presupuestarios cada vez mayores, se va diluyendo el rol fundamental y el papel protagónico que deberían jugar instituciones como el INTI, que han dado pasos importantes en integrar ciertos conocimientos del área, a la realidad concreta de nuestro país, en beneficio de la preservación del Medio Ambiente y de la Salud Pública.

Existe, por ejemplo, una gran cantidad de pilas importadas que no se ajustan a los mínimos procedimientos legales (control de calidad en origen, etiquetado y topes en cantidad de sustancias peligrosas, etc.) ya que se introdujeron al país por la vía del contrabando y, a pesar de ello, se venden libremente en la vía pública en distintos sitios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el resto del país.

(1) Ver en “Informe Gestión de pilas y baterías eléctricas en Argentina” año 2016. INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) la Figura 9 de las páginas 40 y 41 y todo lo que de la misma puede inferirse. http://bit.ly/2Ke6fAl

(2) La Planta Piloto Multipropósito y Laboratorio de Servicios a la Industria y al Sistema Científico (Centro de investigación y desarrollo de diferentes proyectos perteneciente a la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP y a la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires) fue inaugurada en Junio de 2015 y ha desarrollado exitosamente un proceso que permite la recuperación de los metales presentes en las pilas agotadas logrando un doble propósito, por un lado, evitar la contaminación de suelos y aguas subterráneas y, por otro, recuperar los metales para su reutilización, disminuyendo la explotación minera y la contaminación en la producción de los mismos. La planta cuenta con una capacidad para reciclar 80 kilos de pilas por mes. Eso equivale al consumo de pilas de una población de alrededor de 8.000 habitantes.

 

La historia cuenta que hace más de dos siglos, el físico italiano Alejandro Volta, presentó una serie de pares de discos apilados, de zinc y de cobre, separados unos de otros por trozos de cartón impregnados en salmuera, que medían unos 3 cm de diámetro, convirtiéndose en un dispositivo que transforma la energía química en energía eléctrica y en el barrio la conocemos por su nombre de pila, que precisamente es… Pila. Junto a este gran invento se produjo también uno de los grandes problemas ambientales de la historia. ¿Qué hacer con las pilas que ya no utilizamos?

Diferentes tipos y modelos se construyeron desde la invención del italiano hasta nuestros días, para alegría de los consumidores de aparatos electrónicos y el fútbol por la radio, pero esto conlleva un gran riesgo ambiental, dado que al finalizar su vida útil, las pilas son consideradas como residuos peligrosos y al ser desechadas junto a los residuos domiciliarios ocasionan graves problemas a la salud y al ambiente, debido a sus componentes químicos, ya que poseen un alto porcentaje de toxicidad. La disposición final de las pilas consumidas constituye un problema serio, tanto por su magnitud, como por la escasez de alternativas viables, desde el punto de vista ambiental, social y económico.

Si bien se encuentra vigente la Ley 26.184, por la cual se controla y certifica que todas las pilas desechables (primarias) que ingresan o se fabrican en el país cumplimenten con los niveles máximos de metales pesados permitidos, es necesario separarlas de la corriente general de residuos sólidos urbanos, por contener aún componentes peligrosos.
Es por ello que tanto las pilas desechables (primarias) como las recargables (secundarias) no deben ser dispuestas con los residuos domiciliarios, sino que deben ser sometidas a un tratamiento ambientalmente adecuado a través de planes o programas de gestión específicos, en lo posible, recuperando los metales valiosos que poseen.

Las pilas recargables son más convenientes que las desechables (alcalinas) ya que una pila recargable puede llegar a sustituir hasta 1500 desechables. Lo que aporta bastante al bolsillo del consumidor, ya que solamente basta con realizar de 4 a 6 recargas para amortizar la diferencia de precio de una pila recargable (incluyendo el cargador). Aunque tomandolas individualmente son más contaminantes que las desechables al reemplazar 1500 de aquellas siguen siendo convenientes también desde ese punto de vista, además pueden ser recicladas y reacondicionadas por los fabricantes, a quienes económicamente les conviene recuperar los valiosos metales que contienen.

Las pilas desechables, si bien tomandolas individualmente contaminan menos, en el volumen utlizado constituyen un gran peligro para la salud del medio ambiente.
Se calcula que un argentino consume, promedio, diez pilas por año y el riesgo de contaminación en países como el nuestro es muy alto, puesto que cuando se desechan junto con la basura domiciliaria y termina en rellenos o basurales a cielo abierto, con el paso de tiempo y por descomposición, sus elementos se oxidan y derraman diferentes tóxicos en el suelo, agua y aire. Lo mismo sucede cuando se queman en basureros o se incineran. Capítulo aparte merecen las pilas “botón” que encima de ser desechables son las más contaminantes de todas, sobre todo las que contienen mercurio, plata o zinc.

En primer lugar, lo más recomendable es disminuir el consumo de aparatos que requieran el uso de pilas para funcionar (tan lógico como efectivo) y utilizar pilas y/o baterías recargables, debido a que no solo disminuyen el impacto ambiental que producen sus componentes, sino que al mismo tiempo se ahorran los recursos naturales que exige su producción.

Evitá el consumo de pilas:
Las pilas contienen productos altamente tóxicos como el mercurio, el cadmio y el plomo. Además para fabricar una pila se consume una energía cincuenta veces mayor a la que ésta aporta durante su vida útil.
Ante todo debemos tener en cuenta el riesgo que supone para el ambiente y para la salud el depositar las pilas usadas con el resto de la basura, especialmente las pilas y baterías de níquel o cadmio, y las de tipo botón (que son más contaminantes por su contenido en mercurio). El vertido incontrolado, o la gestión como un residuo más (y no como un residuo peligroso), puede generar un riesgo de contaminación de los suelos y cauces de agua, si el contenido de las pilas se esparce en el medio.

- Evitá comprar aparatos que funcionen con pilas, como juguetes. Recordá que la alternativa solar es siempre más sustentable y muchos aparatos funcionan con ella (radios, relojes, calculadoras).
- Reducí la cantidad de pilas que consumís. Siempre que sea posible utilizá la energía eléctrica de la red, en vez de las pilas.
- Elegí pilas recargables. Aunque son más caras, a la larga resultan más económicas.
- Si consumís pilas botón, exigí al vendedor que estas contengan litio o sean alcalinas, frente a las de óxido de mercurio o de plata, o las de zinc-aire.

Además:
En muchas ocasiones, el dicho "lo barato sale caro" es una realidad. Elegí aquellos productos que vayan a tener una duración más larga, y que puedan ser reparados en caso de avería o rotura... ¡y llevalos a arreglar cuando sea necesario!

Los fabricantes deben hacerse responsables de la recolección, tratamiento y reciclado de todos los residuos de las pilas y baterías que han colocado en el mercado. Mientras no exista un sistema de recuperación de pilas por parte de las empresas, se debe exigir a las autoridades gubernamentales que provea de un sistema de gestión de pilas como desechos peligrosos.

En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, hay 96 puntos de recolección de pilas y baterías de diferentes marcas.

http://www.buenosaires.gob.ar/agenciaambiental/residuos/pilas-y-baterias-recargables

Todas las pilas y baterías pueden y deben reciclarse con la mejor tecnología disponible. Por ejemplo, en las baterías recargables se puede recuperar hasta un 90% de sus materiales, en tanto que de las pilas comunes cerca de un 50%.

Producir una pila consume aproximadamente 50 veces más energía de la que genera. La producción de pilas No recargables (Primarias), no es sustentable, ya que si hacemos un balance entre la energía que consume su producción y la que realmente genera, el saldo es claramente negativo. El reciclado es un tratamiento que también consume energía, lo que da un peor balance energético a este tipo de elementos.

Los mejores métodos de gestión de residuos de pilas y baterías son aquellos en los que se recuperan materiales valorizables para reintroducirlos en el circuito productivo.

Los inconvenientes para la salud pueden llegar a ser muy graves, teniendo en cuenta sus productos.

Mercurio: Afecta a los sistemas nervioso central, cardiovascular y pulmonar. Provoca daños en los riñones y la vista.
Plomo: Produce daños en riñones y cerebro, efectos nocivos sobre el sistema nervioso central y reproductivo; provoca desórdenes en las células de la sangre.
Cadmio: Probable cancerígeno. Embriotóxico (Sustancia dañina para el embrión). Efectos sobre el sistema nervioso central, reproductivo y respiratorio. Daños en los riñones.
Níquel: Probable cancerígeno. Efectos sobre el sistema pulmonar; alergias; irritaciones en los ojos y la piel; daños en el hígado y los riñones.
Litio: Provoca fallas respiratorias; depresión del miocardio, edema pulmonar y estupor profundo. Afecciones al sistema nervioso, pudiendo causar anorexia, nauseas, movimientos musculares involuntarios, apatía, confusión mental, visión borrosa, temblores, estado de coma y muerte.
Manganeso: La exposición a niveles de manganeso muy altos por largo tiempo ocasiona perturbaciones mentales y provoca movimientos lentos y faltos de coordinación, esta combinación de síntomas constituyen la enfermedad llamada Manganismo. El consumo de agua potable con altas concentraciones de manganeso puede limitar el desarrollo intelectual de los niños en edad de crecimiento.
Zinc: A este elemento no se lo puede considerar como un tóxico, ya que forma parte de la constitución del organismo humano; sin embargo el ingreso de altas dosis podría afectar la salud y la productividad de los suelos.

En Sud América, Brasil tomó la iniciativa en 1999, para regular la disposición de las baterías, poniendo límites de concentración de los metales más peligrosos en la fabricación y disponiendo que las pilas, una vez utilizadas, regresen al fabricante para ser recicladas.

El Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial de Colombia, extendió la responsabilidad para la adecuada gestión de los residuos de pilas y baterías, a las empresas que importan, comercializan y producen ese tipo de bienes.

En Estados Unidos y Europa se implementaron normativas que regulan la gestión y tratamiento adecuado de los residuos electrónicos (entre ellos pilas y baterías) extendiendo la responsabilidad de la gestión a los productores, importadores y fabricantes. Existiendo la ley desde enero de 2003, que tiene como objetivos reducir la cantidad de estos residuos y la peligrosidad de sus componentes, fomentando la reutilización de los aparatos y la valorización de sus residuos, determinando una gestión adecuada para tratar de mejorar la eficacia de la protección ambiental.

En la Argentina se encuentran tres plantas de reciclado y acopio de pilas que pertenecen a iniciativas del sector privado. Las mismas se encuentran en las Provincias de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe:
• Baterias ELPRA S.A es una Empresa Argentina dedicada a la comercialización de acumuladores en todos sus modelos, a través de sus centros de venta oficiales en gran parte del País. La empresa cuenta con dos modernas plantas industriales, fábrica de Reciclado en Canals, (Provincia de Córdoba), oficinas Administrativas y Comerciales en Bragado (Provincia de Bs. As).

Todas las plantas están provistas de maquinarias de última tecnología y cuentan con personal especializado.
El Sector Público está tomando conciencia y generando iniciativas, a pesar de la falta de normativas y recursos económicos por parte del Estado Nacional.
En la Provincia de Buenos Aires, existe desde hace poco tiempo, un Centro de Reciclado de pilas y baterías, impulsado por la Universidad Nacional de La Plata.
La Planta Piloto Multipropósito y Laboratorio de Servicios a la Industria y al Sistema Científico, es un centro de investigación y desarrollo de diferentes proyectos, perteneciente a la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP y a la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires.
Ubicada en la localidad de Gonnet, esta planta fue concebida, diseñada e instalada con un método simple, económico y sustentable, alcanzando a reciclar el material de 80 kilos de pilas por mes, equivalentes al consumo de una población de unos 8.000 habitantes.

La idea fue desarrollar un proceso que permitiera recuperar los metales presentes en las pilas desechables agotadas, logrando un doble propósito, evitar la contaminación de suelos y aguas subterráneas y al mismo tiempo recuperar los metales para su reutilización, disminuyendo la explotación minera y la contaminación en la producción de los mismos.

El municipio bonaerense de Pellegrini se encuentra trabajando en la construcción de una planta de tratamiento de residuos sólidos y urbanos, junto con las autoridades de Agua de la Provincia, en la cual se incluirá una planta de tratamiento de pilas para ese municipio de 5.000 habitantes.
Todo comenzó hace más de dos siglos con la invención de Volta, modificando nuestros usos y costumbres, pero recién en estos tiempos tomamos conciencia acerca de nuestro rol como consumidores y de la importancia y necesidad de generar tecnología sostenible para el ambiente.

Hay una organización: http://www.ecovolta.org que provee, a cambio de una donación sugerida, unos envases especiales donde se pueden acumular las pilas agotadas con seguridad, para luego llevarlas a los puntos de recolección si son recargables o a las plantas de tratamiento si las hubiere o inclusive retornar los envases llenos a la misma organización (Ecovolta) quienes reciben las pilas y las encapsulan en objetos de un material especial que “sella” los elementos tóxicos para siempre.

Luego de analizadas todas las variables intervinientes en el tema de la disposición final de las pilas llegamos a varias conclusiones:

En primer lugar la necesidad de concientizar acerca de la peligrosidad de desechar las pilas como residuo común y de la carga contaminante de los diferentes tipos de pilas.

Refiriéndonos específicamente a las pilas recargables, que tienen la ventaja de poder ser utilizadas por mucho más largo tiempo, exigir que las empresas hagan efectiva su responsabilidad de recibir las pilas que hayan agotado su uso, con el fin de reciclarlas y recuperar los materiales, ofreciendo puntos de recolección prácticos y diseminados por todo el territorio y demandarle al Estado que cumpla con su labor de controlar este proceso y de comunicar efectivamente la ubicación de estos puntos.

En cuanto a las pilas desechables, ya vimos que la cuenta energética da negativa.

Sería indicado prevenir las consecuencias de los pasivos ambientales desde el inicio de la producción misma de las tecnologías por venir y planificar su reciclado o disposición final antes de lanzarlas al mercado.

Sin embargo, y sabiendo que en nuestra sociedad los cambios se pueden llegar a dar muy lentos, vemos como valioso y positivo el trabajo realizado en La Planta Piloto Multipropósito de la UNLP y los esfuerzos del municipio bonaerense de Pellegrini. Esperamos que se multipliquen y el Estado apoye estas iniciativas para ir dando solución al problema actual del destino de las pilas desechables.

En el futuro sería adecuado que haya estaciones de carga para todo tipo de aparatos con baterías recargables y considerar esto como un servicio público.

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